La rutina de un parado

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Photo by Sticker Mule on Unsplash

Artículo publicado en El País

Son las ocho de la mañana. Comienza mi rutina y, como tantos parados, me tomo varios cafés, enciendo el ordenador y consulto las ofertas de trabajo. En una famosa web de empleo leo un anuncio que solicita inventaristas para trabajar en un almacén de diez de la noche a seis de la mañana por cinco euros la hora. Un poco más abajo, necesitan “secretaria con carácter dulce y flexible”. Atención: secretaria, no secretario. En el correo electrónico me llega un mensaje con el asunto: “Limpieza de hotel en Londres”. Se pide un abono por adelantado de ¡novecientos cincuenta euros!

Por curiosidad consulto el Estatuto de los Trabajadores y, respecto al trabajo nocturno, observo que el artículo 36 es bastante ambiguo en lo referente a la remuneración. En cuanto a la condición de “carácter dulce y flexible” para ser secretaria, ¿nadie lo denuncia? Y por último, ¿quién controla las estafas laborales online? La crisis está aumentando la picaresca y disminuyendo los escrúpulos de los empresarios que se valen de la necesidad de millones de personas que se encuentran en situación desesperada.

Pero la pregunta del millón es: ¿dónde están los sindicatos? Es evidente que en tierra de nadie o, más bien, en la tierra de las subvenciones. Podría decirse que se está retrocediendo a los tiempos de la Revolución Industrial con la diferencia de que los obreros se movilizaban para denunciar las deplorables condiciones laborales y los abusos que sufrían por parte del empresario. Y no hace tanto tiempo en España los sindicatos obreros convocaban huelgas generales y manifestaciones multitudinarias.

Son las once de la mañana y, después de una intensa búsqueda de empleo en “lo que sea”, así como su consiguiente envío masivo de currículos, apago el ordenador y dudo entre cortarme las venas o dejármelas largas. Un día más, el trabajo de mi tesis doctoral me libera de tomar tan drástica decisión.

 

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Manuel Hernández dice:

    Ay, madre lo sindicatos de clase. Q lejanos aquellos tiempos de Nicolás Redondo y Marcelino Camacho, capaces de perder su libertad por defender los derechos de los trabajadores…
    De no contar con los derechos individuales hemos pasado a los sindicatos caza-subvención y caza-curso de formación. Es decir, un gigante con pies de barro más interesado en llenar las arcas que en defender al oprimido laboralmente hablando.
    Y es q han perdido toda su legitimidad en la negociación de nada cuando su actuación es nula.
    Es cierto q la situación laboral es dramática y los ajustes y oportunidades laborales extremas pero sin estos antiguos árbitros del orden social q ni están (bueno sí, de mariscada en mariscada) ni se les espera, la situación se vuelve a veces dramática.

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario, Manuel. Se necesita que los sindicatos vuelvan a ser lo que eran y protejan nuestros derechos y libertades laborales. En otros países la labor sindical es fundamental y aquí parece de broma. Esperemos que esta crisis nos enseñe a recuperar nuestro Estado de Bienestar de antaño.

      ¡Saludos!

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  2. Ellen Ray dice:

    Como joven universitaria me preocupa mucho el futuro del empleo en general, ya que al fin y al cabo no se puede una aprovechar de los padres eternamente… espero que mejore tu situación, y la de tantas otras personas. Buena entrada si señor. Un saludo!

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