¡Abran paso, señores!

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¿Qué fue primero el huevo o la gallina, el partido político o el grupo parlamentario? En las democracias burguesas de los siglos XVIII y XIX, los grupos parlamentarios surgieron como una organización de personas con intereses comunes que intentaban solucionar los problemas de sus conciudadanos a través de los órganos de representación. 

En las democracias actuales, al partido político se le supone el liderazgo frente al grupo parlamentario puesto que es la organización que articula las demandas sociales y las canaliza a través de los cargos públicos; la correa de transmisión entre la ciudadanía y el Estado. Por su parte, el grupo parlamentario es el orden que adoptan los partidos políticos en el seno de las Cámaras legislativas.

Sin embargo, en la práctica se ha originado una ruptura de los intereses de los partidos y grupos parlamentarios con los de la sociedad civil, que no logra acceder a la toma de decisiones y sólo se le utiliza como instrumento para ganar las elecciones. Es un hecho que el militante de base o simpatizante de un partido que acude a las asambleas con el fin de presentar y debatir sus inquietudes sociales, ideas y propuestas, sin pretender en modo alguno aspirar a un cargo público, choca con las reticencias de los que ambicionan el poder. Además, los dirigentes de los partidos, algunos con más de veinte años en puestos públicos, cierran filas ante la entrada de gente joven con ideas renovadoras.

Es necesario que los partidos políticos vuelvan a mirar a la sociedad, reciclen su comportamiento ético, trabajen intensamente para superar el paro, castiguen con diligencia la corrupción, admitan a gente nueva en su equipo y, en definitiva, fomenten la circulación de ideas y el debate de iniciativas. Por desgracia, los partidos mayoritarios no parecen estar dispuestos a iniciar un programa reformista y es por ello que la sociedad civil tiene que movilizarse y exigir estos cambios. ¡Abran paso, señores, a las nuevas generaciones! 

Hasta ahora, nadie ha resuelto el enigma del huevo y la gallina, pero en este caso es indudable que los ciudadanos son antes que los partidos y los grupos parlamentarios. 

Photo by Alex Ronsdorf on Unsplash

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Toni Manrique dice:

    Tienes mucha razón: los cargos políticos copados por carcamales. A muchos no se les atribuye más mérito que haber calentado la silla del congreso o del Senado durante más de 20 ańos. El gancho de Podemos es que son jóvenes y universitarios.

    Le gusta a 1 persona

    1. Yo creo que se debe aunar la experiencia de nuestros políticos con las ideas regeneradoras de los jóvenes.

      ¡Gracias por comentar, Toni!

      Saludos 😉

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