¿Crisis? ¿Qué crisis?

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¿Nos creemos las cifras macroeconómicas? Según los últimos informes de la Unión Europea y los datos que maneja el Gobierno para el próximo debate de la Nación, la recuperación de la economía española está echando sólidas raíces. Este optimismo se basa en el análisis de los indicadores económicos que se ven reflejados en el crecimiento del PIB, la compra masiva de bonos del BCE y la creación de empleo, con el estímulo de la caída de los precios del petróleo y la devaluación del euro. Por su parte, la Comisión Europea ha manifestado que España se ha convertido en uno de los países que goza de mejores perspectivas de la eurozona y la propia canciller alemana ha considerado nuestro país como un modelo de recuperación para el resto de los Estados miembros. Según nos dicen, lo que en el pasado fue inseguridad e incertidumbre se ha transformado en seguridad y certeza en el futuro.

A escasos meses de los comicios locales, autonómicos y nacionales, el tráfico de esperanzadores mensajes e ilusionantes consignas políticas es extraordinario. Pero el juego de estos malabaristas propagandísticos que pretenden hacernos creer en la bonanza de la situación económica no logra los aplausos del público y los programas electorales de uno u otro signo no calan en una sociedad vapuleada por la crisis durante siete largos años que no entiende de datos fríos y técnicos difíciles de recordar.

¿Los líderes políticos se esfuerzan realmente por ponerse en el lugar de aquellas familias españolas que no pueden pagar la luz y el gas y se ven obligadas a volver a la bombona de butano? ¿Y de aquellas que tienen casi todos sus miembros en paro? ¿Y de los abuelos que deben elegir entre comer o comprar sus medicinas? ¿Y de las personas dependientes a las que se les ha reducido sustancialmente su ayuda? ¿Es esa la España que se recupera de la crisis? 

Y podríamos también hablar largo y tendido del paro juvenil y del retroceso de las conquistas laborales conseguidas durante el siglo XIX y XX por los trabajadores y sindicatos europeos y españoles. Para los menores de treinta años, como la que suscribe, la situación es insostenible. Los contratos que firmamos no duran más de un mes, lo que implica que no podemos planificar una vida a largo plazo, ni mucho menos pensar en la emancipación. Aceptamos trabajos con jornadas de más de ¡catorce horas diarias! (propia experiencia), soportamos condiciones deplorables que no existían ni en los tiempos más oscuros de la Revolución Industrial y, por si fuera poco, nos vemos obligados a ocultar nuestra formación académica para que nos puedan contratar en estos trabajos precarios.  

Pero en España todo parece ir bien. Mientras el crecimiento económico sea positivo, el nivel del paro se detenga, el saneamiento de la banca se logre, los desahucios sean menos habituales y Europa nos aplauda, diremos: ¿Crisis? ¿Qué crisis?

Photo by Ian Espinosa on Unsplash

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Jose dice:

    Yo montaría un reality en una sesión conjunta del Congreso y Senado. Consistiría en atrancar la puerta por fuera y observarles por televisión. Sin expulsiones ni nominaciones, sólo esperar 3 ó 4 meses a ver quién es el último que queda ahí. Luego sería exportable a las cadenas autonómicas. Se podría empezar por el Parlament…

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  2. The Mother of The Cordero dice:

    ¡Muy buena idea! Y luego podría ir Frank de la Jungla a “investigar la zona” 😉

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