Crónicas made in USA (2)

Bienvenida a Estados Unidos

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Dice un refrán español que “no quieren los gitanos buenos principios para sus hijos”. Por eso tengo la esperanza de que mi estancia americana tendrá un final muy muy feliz.

Difícil ha sido explicar en inglés a mi compañera de piso coreana el tema de mi tesis doctoral. Tras varios intentos frustrados, por fin he logrado que entienda eso de “Consenso y disenso de la política constitucional española”.

—Oh, how interesting —ha exclamado efusivamente, aunque a juzgar por su expresión creo que pensaba que yo era la española más friki que había conocido en su vida. Y no le culpo.

Esta mañana me apetece salir a caminar, actividad que me relaja y permite desconectar de los problemas y preocupaciones. El calor es intenso y el sol es tan reluciente que daña los ojos. Pero ni con este clima veraniego me animo a enseñar el blanco radiactivo de mis piernas y me enfundo unos leggings largos. Para mi sorpresa, los caminantes con los que me cruzo me saludan sonrientes con un amable “good morning”. Tal exceso de buena educación me abruma y me siento como si estuviera haciendo el Camino de Santiago por el tramo francés. Por el contrario, los que parecen tener malas pulgas en este país son los perros. De repente, como salido de la nada, comienza a ladrarme un pequeño Terrier y me acorrala contra una tapia. —¡Socorro, help…! —me veo gritando desesperadamente. Me convenzo de que un joven californiano vendrá a rescatarme y me librará de Rudolf, o como diablo se llame. Pero no, detrás de un seto, una venerable anciana recrimina a Bobby librándome de una ridícula escena que he vivido con enorme dramatismo.

Pero nunca olvidaré la primera toma de contacto con la Universidad. Tu imaginación te sitúa en una película en la que la chica entra atolondradamente por una puerta y se choca con un chico que amablemente recoge sus libros y quedan para cenar y, tras unos malentendidos, son felices para siempre. Pues nada parecido, pues la primera persona que veo al entrar al campus fue un chico con una larga melena, el rostro maquillado como una puerta, falda corta, unas cartucheras de vaquero y zapatos de enorme plataforma. “Sí, sí, como en una película”, pensé sin evitar soltar una carcajada, pero la de “La chica danesa”.

Estudiantes que se cruzan con monopatines y libros bajo el brazo, ardillas que aparecen y desaparecen de entre las zarzas, repartidores de folletos que recuerdan a las noches de verano en Salou, personas de todas las razas y orígenes que transitan de un lado a otro… Un campus tremendamente activo con numerosos espacios verdes y ambiente muy acogedor.

De pronto, escucho detrás de mí una voz femenina: —Disculpa, ¿tienes unos minutos para responder unas preguntas? Me vuelvo y, “horror, lleva una cámara y un micrófono en la mano”, pienso. Tras uno segundos de shock, en los que me cuesta reaccionar, acepto resignada a contestar.

—Estamos haciendo encuestas a los estudiantes extranjeros para conocer sus impresiones sobre el ambiente del campus. Esta grabación será utilizada para el vídeo promocional de la universidad —me explica amablemente.

Me siento tan pardilla que no puedo contener una risa nerviosa durante toda la entrevista mientras mis palabras en inglés se traban continuamente. “Supongo que la descartarán en cuanto la vean en el estudio”, pienso aliviada.

¡Starbucks a la vista! Necesito urgentemente un café y wifi, mucho wifi. Esta vez voy aleccionada sobre cómo he de pronunciar mi nombre para que anoten “Paula” en mi pedido, en lugar de “Boyla”, “Baula” o “Vaughan”. No comprendo la dificultad del nombre, ya que en inglés se utiliza el fonema “au” constantemente: house, about, mouse, round

—“Pola”—le digo a la camarera haciendo énfasis en la “p” y “l”.

“¡Bravo!”, me felicito cuando oigo mi nombre en inglés.

Una compañera de clase me ha invitado a cenar a su casa esta noche, aunque yo diría mejor a merendar. Son las seis y cuarto de la tarde y llego con retraso. Tras varias indicaciones incorrectas de Google Maps que me lleva por un barrio de Shangai y una media maratón “recalculando”, consigo llegar a la casa sin batería en el móvil. ¡Ding, dong!

—Lamento llegar tarde. Me he perdido varias veces y al final he tenido que preguntar a un vecino que pasaba por aquí —le explico a mi amiga por no darle demasiadas explicaciones.

La casa es un auténtico caos: papeles y libros tirados por doquier, zapatos desparejados por el suelo, montones de ropa por el sofá, vasos de plástico rojos dispersos por el escritorio, paredes saturadas de cuadros y fotos de la época de Maricastaña, estanterías repletas de medallas y trofeos… La típica casa americana.

Me dirijo hacia la mesa del comedor con mi botella de vino tinto —que me costó trabajo y money encontrar en el super— y… “¡oh, sorpresa, pizza para cenar. Si lo llego a saber traigo unas coca colas”, pienso fastidiada.

Mientras cenamos, los padres de mi amiga me cuentan, sin inmutarse lo más mínimo, que la policía ha detenido a un joven con un arma de fuego en los alrededores de la universidad y que había intentado disparar a unos estudiantes de Derecho a su salida de clase. Gracias a la eficaz intervención de un profesor de árabe, se había evitado una verdadera masacre. El supuesto asesino llevaba falda corta y zapatos de tacón.

“¡Glup! Bienvenida a Estados Unidos, querida”, me animo a mí misma mientras atrapo la última porción de pizza.

Photo by frank mckenna on Unsplash

9 Comentarios Agrega el tuyo

  1. chus dice:

    Los estadounidenses suelen ser todos muy amables y educados, los perros no tanto 🙂

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  2. Diana dice:

    Pauli vaya aventura!!! Me ha encantado cómo has descrito el campus. Vamos, lo estaba viendo!
    Sigue contándonos que estoy enganchada a tus historias! Seguro que la experiencia va a merecer la pena, ya verás! Un beso
    Diana

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchas gracias, prima!! A ver si me cuentas un día tus aventuras británicas 🙂

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  3. Nada en plan pretty woman, más bien scary movie XD
    Ya me parecía que la aventura iba a tener miga. Y explicar la tesis, ufff ni yo en castellano profundo lo entendería ten piedad de tu compañera 😉

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    1. Más bien American Horror Story!

      Y sí, la peor pregunta que te pueden hacer es sobre qué trata tu tesis, jeje

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  4. JM dice:

    Saludos cordiales, you privileged! En contra de la opinión de mi amigo Gorka, que tras conocer la noticia de la terrible matanza en Orlando comentó que ‘así es América y no parece querer mejorar’, yo siempre he sostenido que USA es un país modélico en muchos sentidos. Debo suponer, por ejemplo, que el ambiente cultural que se vive allí es muy rico en estos momentos, y eso es envidiable… Qué lástima que personas como tú se hayan visto obligadas a marcharse de este país, en vez de tener la posibilidad de trabajar en programas diversos como, por ejemplo, la creación de nuevos espacios de lectura en lugares públicos, más y mejores bibliotecas en escuelas y Universidades o la pura investigación científica… En fin, confiemos en que muy pronto se produzca en esta corrompida Celiberia un cambio político profundo que apueste fuerte por la cultura,

    Mucha suerte, Paula!

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    1. Muchísimas gracias por pasarte por mi blog y, en especial, por tus palabras. He de decir que tienes un blog maravilloso que pienso visitar continuamente.

      La verdad es que tras varios años de lucha laboral en España sentí que mi propio país me expulsaba. En Estados Unidos no está siendo mucho más fácil debido a las estrictas leyes de inmigración, pero al menos hay más esperanza.

      Como bien dices, la sociedad norteamericana está basada en la diversidad cultural pero también en el trabajo duro y la motivación. Tal vez deberíamos aprender un poquito más de ellos.

      Mientras tanto, seguiré sacando el máximo partido de esta experiencia y forjando un futuro mejor.

      ¡Saludos desde el otro lado del charco! 😉

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